martes, 18 de mayo de 2010

NO TENGO TIEMPO  /  Autor: Raphy D’Oleo


Sabes hijo mío, hasta hoy no tuve tiempo para jugar contigo. Encontré tiempo para todo menos para verte crecer. Nunca jugué contigo.
Siento que tú me rodeas, pero sabes, soy muy importante y no tengo tiempo. Soy importante para números, invitaciones sociales, una serie de compromisos ineludibles, y dejar todo eso para sentarme en el suelo contigo… no tengo tiempo.


Un día viniste hasta mí con el cuaderno de la escuela, ni te miré, seguí leyendo el diario. A fin de cuentas los problemas internacionales son más serios que los de mi casa. Nunca vi tu boletín ni sé quién es tu maestra. No sé bien cuál fue tu primera palabra, también tú me entiendes, no tengo tiempo. De qué sirve saber las mínimas cosas de ti si tengo otras grandes cosas que saber.


Oye, como haz crecido, ya superaste mi cintura, estás alto, no me había dado cuenta. Es que por otra parte no advierto casi nada, mi vida es una carrera, y cuando tengo tiempo prefiero pasarlo afuera. Y si lo paso aquí me pierdo enmudecido frente a la televisión, porque la televisión es importante y me informa mucho. Sabes hijo mío, la última vez que tuve tiempo para ti fue una noche, nueve meses antes de que tú nacieras.


Hombre, sé que te quejas, sé que sientes la falta de una palabra, de una pregunta mía, de que corramos, de un punta-pie en tu pelota, pero es que no tengo tiempo. Sé que sientes la falta del abrazo y de la risa, de ir a pie a comprar caramelos, de caminar hasta el quiosco a comprar el pato Donald, pero…pero sabes cuánto tiempo hace que no voy a pie por la calle.


No tengo tiempo, tú entiendes, soy un hombre importante, tengo que atender a mucha gente, dependo de ellas. Hijo, tú no sabes nada de negocios, en realidad soy un hombre sin tiempo. Yo…yo sé que te disgustas, porque las pocas veces que hablamos es un monólogo, solo yo hablo, y casi siempre es discusión. Quiero silencio, quiero tranquilidad, y tú, tú tienes la pésima costumbre de venir corriendo y echarte encima de uno, tienes la manía de saltar a los brazos de la gente.


Hijo, no tengo tiempo para abrazarte, no tengo tiempo para hablar con niños así sin ton ni son. Porque qué entiendes tú de computadora, comunicación, cibernética, racionalismo, informática. Cómo puedo detenerme a conversar contigo. Sabes hijo, no tengo tiempo. Pero lo peor de todo, lo peor de todo es que si murieras ahora, ya, en este instante, me quedaría con un peso en la conciencia, porque hasta hoy no encontré tiempo para jugar contigo, y en la otra vida, seguramente Dios, no tendrá tiempo de dejarme al menos verte.

No hay comentarios: